1. La Época de Oro del Cine Mexicano
El hecho de que se hayan dado las condiciones necesarias para que se diera una bonanza económica en la cinematografía nacional como la ocurrida en la “época de oro” es consecuencia de varios factores. Uno de los principales fue que en el sexenio de Lázaro Cárdenas se dio un impulso muy importante a la cinematografía nacional que propició la consolidación de la industria. Hay dos acciones gubernamentales que son claves para la cinematografía de aquellos tiempos. La primera de ellas es la fundación de la casa productora Cinematográfica Latino Americana (CLASA), cuyo primer rodaje es uno de los clásicos indiscutibles del cine mexicano. Estamos hablando por supuesto, del ya mencionado “Vámonos con Pancho Villa” de Fernando de Fuentes. La segunda acción ejercida por el gobierno fue el decreto de Octubre de 19939 mediante el cual se obligaba a todos los cines del país a proyectar por lo menos una película mexicana al mes.
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En el cardenismo se crean y consolidan algunos géneros importantes que serán la base de las temáticas de la próxima década como lo son el revolucionario con su máximo exponente “Vamonos con Pancho Villa”, el Melodrama ranchero con “allá en el rancho grande” y la comedia proveniente de los actores de carpa con “Ahí está el detalle” que es la consolidación de Mario Moreno “Cantinflas” y el inició de la llegada al cine de muchos cómicos provenientes de las extintas carpas. “Ahí está el detalle” es la tercer película de este cómico, sus dos películas anteriores como protagonista (“Águila o sol” (1937) y “El signo de la muerte” de 1939) no son tan afortunadas como esta, pues por primera vez lo dirige Juan Bustillo Oro (quien lo dirigirá en la mayoría de sus películas por venir.) Este director logra explotar la gracia natural de Mario Moreno al máximo. “Cantinflas” le debe en parte su éxito a este director.
Otro factor importante en el desarrollo de la cinematografía mexicana es la falta de una competencia real, pues en los años 40 los Estados Unidos están pasando por un momento económica y socialmente muy difícil, pues la segunda guerra mundial está en su apogeo y no hay tiempo ni presupuesto para la producción a gran escala de películas y poco a poco van perdiendo terreno en el mercado latinoamericano. Las películas mexicanas vienen a llenar el gran vacío que dejan las producciones de Hollywood.
En cuanto a las producciones españolas, tampoco representaban un reto para la creciente industria, pues la guerra civil ha debilitado tanto al país que no es un tiempo propicio para la producción fílmica de calidad. En el cardenismo se producen muchas películas sonoras, el éxito taquillero de filmes poco apreciadas por la crítica pero muy redituables fue la base para aumentar la producción año con año hasta llegar a niveles nunca antes imaginados.
Aunque la industria tuvo unos pequeños altibajos en cuanto a la producción de películas por años, era obvio que la tendencia era positiva. He aquí una breve semblanza del rápido desarrollo de la industria en un corto periodo. En 1938 se producen 57 películas, lo que en aquel entonces era un record para el cine mexicano. Después, este número desciende: 37 en 1939, 29 en 1940, 37 en 1941, y 47 en 1942. Ya para 1943 se sentaron las bases para la producción normal de largometrajes, y se llega 70 películas y en 1944 a 75. L
Latinoamérica es mercado cautivo del cine mexicano, los argentinos eran sus únicos competidores, pues los españoles siguen enfrascados en la guerra civil. Por otro lado, Hollywood hace intentos desesperados por recuperar el mercado de habla hispana, poniendo en el mercado películas dobladas al español, pero el público no recibe bien está modalidad, además la Segunda Guerra Mundial no permite un mejor desarrollo. Surge otra compañía productora muy fuerte además de CLASA, esta es Filmes. Estas casas productoras dan la pauta de lo que es el cine mexicano de esta época: Esta última productora construyó al igual que CLASA estudios amplios y modernos, mucho mejores que los que hasta entonces trabajaban. Otras firmas importantes son Films Mundiales S.A., Grovas y Películas Rodríguez S.A. Así como innumerables productores ocasionales que veían en el cine una buena inversión, rentable a corto plazo. E
El decreto Cardenista que obliga a los productores a proyectar al mes al menos una película mexicana bajo advertencia de sanción económica sigue rindiendo frutos pues sirve de apoyo constante para la industria. En este período alcanzan su mejor momento María Félix, Cantinflas, Dolores del Río, Arturo de Córdova, Jorge Negrete, y los comienzos de Pedro Infante. Para los espectadores latinoamericanos son más atractivos que los hollywoodenses. El género mejor explotado de todos es el melodrama ranchero, películas como ¡Ay Jalisco, No te Rajes! Sin embargo, la producción nacional intenta internacionalizarse, se adaptan novelas y cuentos de afamados escritores como: Zola Turgueniev, Balzac, Dumas, Wilde, y muchos otros. La herencia de este periodo son películas de mayor calidad técnica y con mayor presupuesto, por supuesto, mayor que las de la actualidad.
Aunque la mayoría de los críticos opinan que el cine mexicano nunca ha estado plagado de talento y que la llamada “época de oro” no fue la excepción, hay algunos miembros rescatables de aquella etapa. Directores como “el Indio”, Alejandro Galindo, Roberto Gavaldón, Juan Bustillo y Miguel Zacarías son algunos directores destacados que si no se preocuparon por hacer un cine de autor como tal, si le imprimían a sus películas su estilo propio y le sacaron todo el jugo que pudieron a las películas que dirigieron. La filmografía de cualquiera de estos directores es inmensa comparada con la de cualquier cineasta contemporáneo.

México era en esos tiempos uno de los países más propicios para hacer cine, cualquier cineasta que quisiera realizar lo que en su país no era posible podía venir a México. Ese fue el caso del famoso cineasta español Luis Buñuel, quien llegó a nuestro país ya con una carrera importante dentro del surrealismo europeo al lado de Salvador Dalí. Sin embargo, fue en México donde realizó sus obras más importantes, entre ellas, el drama de las clases marginadas de la gran ciudad de México: “Los olvidados” que es considerada como la mejor película de Buñuel. Sin embargo, también tiene otras obras muy importantes como “Nazarín,” “El” “Ensayo de un crimen” y “El bruto” sólo por mencionar algunas. En sus películas, Buñuel nos mostraba un México desconocido que mucho cineastas no habían sido capaces (o tal vez no habían querido) de ver y de plasmar en pantalla con la extraordinaria simpleza característica del cineasta. Tal vez por el simple hecho de ser extranjero, Luis Buñuel tenía una clara visión de México de la que carecían muchos cineastas de la época Ya para esos años se había instalado un muy buen “Star System” del que provinieron estrellas de la talla de María Félix y Jorge Negrete.
Habían surgido auténticos ídolos del pueblo como Pedro Infante quien se había consagrado en el año de 1948 por su actuación en “Nosotros los pobres”, exitosísima película que fue merecedora de dos secuelas, dirigida por Ismael Rodríguez, quien fue un pilar en la carrera de Infante. Pedro Infante era el prototipo de lo que debería ser el hombre en México. Sus personajes eran borrachos, jugadores, muy valientes, mujeriegos y acababan siempre por someter a la hembra que más les gustaba. Indudablemente, el mejor año de la “época de oro” al menos en el aspecto financiero fue el año que precedió al término de esa etapa, es decir, 1949.
En ese año se produjeron más de cien películas (108 para ser exactos, 27 mas que el año anterior.) Hasta ese momento, ningún cine de habla hispana había podido al menos soñar con rebasar la cifra de las cien cintas.
[1] Francisco Sánchez “Crónica Antisolemne del Cine Mexicano” Universidad Veracruzana, México 1989. pp12
